Lo más destacado de la reseña publicada por LECTURAS DEL MAÑANA (extraído del artículo/entrevista del 13/10/2009)


Fragmentos extraídos del artículo publicado en el blog de Lecturas del mañana del 13 de octubre de 2009:

Tan solo hemos conocido dos autores en los últimos años que nos lo han dicho todo en las tres primeras páginas del primer capítulo de sus novelas. Uno es Stieg Larsson, quien ya ocupó un hueco en este blog. Otro...lo tienen ante ustedes, y al que damos las gracias por su innegable interés y prestación de colaborar con LITERATURA DEL MAÑANA. Es por ello que le guardamos un lugar muy especial en las páginas digitales de ésta publicación. Un puesto que coincide directamente con la forma de ser de éste notable autor. Un esencialismo natural que le ha hecho convertirse en uno de nuestros ODISE@S, entrando a formar parte de nuestros colaboradores más singulares...


Nuestros críticos opinan...

Cerdá es el tipo de escritor que escribe por que le gusta, y no para vivir de ello. Muchos han sido los escritores que han confluido en esta premisa. Un caso parecido es el del autor del éxito de ventas del año 2006: La Catedral del Mar, Ildefonso Falcones, abogado y ganador de ningún premio literario que se conozca. La facilidad que posee Cerdá para crear historias da fe que, gracias a la providencia, en España poseemos grandes escritores que, aunque años atrás fuimos eclipsados por ingleses, franceses o americanos, ahora podemos decir con la cabeza bien alta que no les tenemos que envidiar nada al respecto.
Cuando empecé a leer algunos capítulos de EL FANTASMA DE LOS SUEÑOS, me sorprendió la rapidez con la que te puedes ver atrapado con su lectura. La conexión fluye instantáneamente, te embriaga, te eclipsa. Y no te fecunda con un extraordinario ritmo en el lenguaje o un exceso de recargamiento abusivo en él, muy visto en la mayoría de novelas actuales, las cuales casi podrían optar a una competición del individualismo del autor fruto de un alto grado de intelectualismo progresivo. Nada de ello vemos en Cerdá. Al contrario. Nos cautiva con la sencillez, la franqueza, medio la idealización "infantil" a veces, "madura" otras. Existen pocas obras que te calen de forma tan directa. Sin luchar por conseguir ver lo que existe detrás del argumento o las escenas en que se nos quiere sumergir. Eso coincide en que, mucho más lejos de canalizar la idea del lector o hacer ejercicio de contemplación para querer escribir aquello que le agrade, el autor nos trae aquí el fruto de aquello que es y no lo que nos quiere reflejar. O sea, ese principio subjetivo que engloba toda obra antes de ser publicada, para bien o mal de sus lectores. Ya que el "efecto venta" es importante, pero ser sincero y creíble lo es más todavía. Y a veces, el extremo embellecimiento del lenguaje no representa una carretera hacia el resurgir literario de los autores, sino un obstáculo en su currículum. Por el contrario, en Cerdá vemos una omisión reiterada por los academicismos y una extrema asiduidad a la retórica simple, casi rozando el lenguaje popular, a modo de imagen y semejanza de nuestros pensamientos. En definitiva, Cerdá escribe lo que piensa y tal y como nace desde su cerebro, sin usar apenas recursos artificiosos con los que cargar sus textos. Está claro que algunos le podrán o no agradar la temática de sus novelas; pero lo que las aparta del género de suspense o fantástico es precisamente el lenguaje, o sea, la capacidad con lo que contar algo paranormal con nuestras propias palabras, sin ambigüedades. Ello me hace recordar las palabras de David Hume, filósofo empirista inglés cuyos tratados y ensayos se siguen teniendo muy en cuenta, contado ser de gran actualidad, incluso en nuestros días, a parte de ser considerado un gran escritor en su época: "Debemos cuidarnos más contra los excesos del refinamiento que contra los de la sencillez; y ello, porque los excesos del primero son menos bellos y más peligrosos que los de la segunda"


..., Cerdá sabe ingeniárselas para contar historias (como la de la balsa de las ranas) que, partiendo de una experiencia vivida en parte, saca a relucir todo su imaginario para adaptarlo en cada ocasión, como hacen millares de escritores, para, acto seguido narrar hechos que nunca ha vivido (como la etapa de aislamiento en el internado), sin dejar por ello la veracidad en la construcción de las escenas, que por muy reales que resulten ser no tienen necesariamente que haber ocurrido. Una dosis de realismo que transmite una profunda atracción en el lector, el cual no sabe distinguir lo real de lo que no lo es, hecho que lo convierte en copartícipe de la misma historia; una influencia literaria que tan solo es ejercida por un reducido número de escritores que solamente descubrimos cuando leemos alta literatura.

Por otra parte, Cerdá también sabe valerse de diálogos al más puro estilo Monzó, donde un hecho aislado desemboca en argumento factible para reseñar unas pocas páginas de la novela, pudiéndose incluso utilizarse como un microrrelato. A caballo de un dirty realism y los actuales géneros independientes, muchas son las categorías que salta de un lado a otro para revolver al lector hacia su su propia realidad más que con la del protagonista, ya que muchas de las secuencias casi cinemáticas de las obras de Ramón Cerdá sollozan casos que pueden parecer muy comunes a la vista de todos. Una realidad intensa que fluctúa sin parar como un remolino que lo envuelve todo. Un estilo que, sin duda puede orientarnos a géneros tan dispares como la autoayuda, el realismo social y lo fantástico...


TODOS LOS DERECHOS RESEVADOS
©Literatura del mañana, 2009


Pueden ver el artículo más entrevista completos tal cual han sido publicados en el siguiente enlace:


Ver artículo original

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