DIARREA LEGISLATIVA = INSEGURIDAD JURIDICA
Nos estamos acostumbrando a que cada mañana al leer el periódico, o navegar un rato por internet, o escuchar la radio, nos enteremos de alguna nueva ley o modificación de alguna otra antigua. ¿A qué viene tanta nueva legislación?
Las leyes, como cosa seria que se supone que son (yo ya lo empiezo a dudar), deberían de ser, no necesariamente inamovibles, pero sí al menos debieran mantener una cierta estabilidad a lo largo del tiempo.
Dicen que el desconocimiento de la Ley no es excusa para no cumplirla, pero ¿quién puede estar al día en todas las leyes que nos cambian a cada momento? Ni siquiera los abogados y especialistas en estos temas, y desde luego, y mucho menos, el ciudadano de a pie que se supone que las tiene que respetar.
Además, en un mismo Real Decreto aprovechan y modifican varias leyes, pero sin apenas mencionarlas, limitándose a publicar los añadidos y refritos que se les ocurre, con lo cual nos obligan a consultar el resto de leyes y hacer una comparativa de los artículos modificados... VERGONZOSO y agotador.
Tenemos a algún iluminado en la cúpula del poder que transfiere a texto legislativo cada mañana lo que ha soñado, o más bien el contenido de sus pesadillas, y eso es muy peligroso.
Si además se nos ocurre leer los proyectos de leyes, el caos es mucho mayor, porque cuando se publican definitivamente los cambios aprobados, lógicamente no coincide con lo que previamente hemos leído, y eso todavía despista más. Mi consejo es no leerse los proyectos y esperar a los textos definitivos, al menos así la confusión no será tan grande.
Lógicamente esta diarrea legislativa con tanto texto nuevo y cambiante, para lo único que sirve es para generar una inseguridad jurídica en el ciudadano que se siente amenazado con tanta palabrería hueca.
También se nota que los ciudadanos estamos siempre en mala posición. Cuando el Gobierno (entiéndase por Gobierno cualquier administración pública incluida Hacienda) pierde una batalla con algún ciudadano o empresa privada en los tribunales, acto seguido cambian las leyes y los reglamentos para reajustarlos a esos cabos sueltos que les han hecho perder la batalla, y eso son puñaladas traperas. No pueden ir cambiando cada cosa que les interesa para desarmar una y otra vez al ciudadano. Y si en algún cambio lo benefician (al ciudadano me refiero) es porque sin duda ellos reciben un mayor beneficio por otro lado, o porque se han visto obligados por las circunstancias a cambiarlo. Siempre hay otro motivo, y cuando uno lo analiza, resulta cuanto menos descorazonador.
Ramón Cerdá





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